19 de novembre de 2013

Dos versiones distintas de lo que es España

Por Vicenç Navarro
Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas
Universidad Pompeu Fabra

En España ha habido siempre dos concepciones de España. Una que monopoliza el concepto de nación, “patria indivisible de todos los españoles” y que, centrada en Madrid, su capital, excluye y niega que haya otras naciones, a las cuales considera en la práctica como regiones de España. Tiene una visión radial de España, y es heredera de la España de siempre, la España imperial que conquistó América Latina e impuso su cultura, lengua y civilización. Originalmente, tenía una concepción racista, lo cual se reflejó en el hecho de que durante muchos años se definiera el Día Nacional, el 12 de octubre, como el Día de la Raza, celebrando así la conquista de América Latina.

Los máximos herederos de esta versión de España han sido el Ejército y la Iglesia española, aunque una versión más moderada está ampliamente extendida en los establishments políticos y mediáticos españoles, basados en Madrid. Esta visión, profundamente nacionalista y excluyente, fue la que ganó la Guerra Civil, y era la de los que se llamaron a sí mismos “los nacionales”, que consideraban que defendían a la Patria española contra “los rojos” y contra “los separatistas”, definiendo como tales a aquellos que no eran nacionalistas españolistas (ver mi artículo El nacionalismo españolista). La mayoría de las derechas en España han promovido siempre este nacionalismo españolista, aunque sectores de las izquierdas también han hecho suya una versión ligeramente modificada de esta España. Es esta España la que aparece en la Constitución, que la define como una nación única, patria indivisible de los españoles, asignando al Ejército (es decir, a la fuerza física) la misión de imponer esta concepción de España.

Pero ha habido en la historia de España otra visión de España, la España con raíces republicanas que se creía constituida por varias naciones, con una visión no radial sino policéntrica y poliédrica, en la que distintos pueblos y naciones pudieran convivir fraternalmente sin exclusiones, y con el respeto a la diversidad, acentuando la riqueza de dicha diversidad. Esta visión veía a España como una España plurinacional y policéntrica. Como ocurre en varios países federales y confederales en los que he vivido, las administraciones del Estado central pueden estar en otras capitales distintas a las del centro (en EEUU, la Seguridad Social no tiene la sede en Washington, sino en Baltimore. Y el Centro Federal de Investigación y Vigilancia Sanitaria en Atlanta. Y así un largo etcétera). Hay una larga historia de esta otra versión, más arraigada en las izquierdas, por cierto, que en las derechas, y, como es de esperar, más desarrollada en la periferia que en el centro.

En Catalunya, históricamente todas las tradiciones de izquierda, desde la anarcosindicalista a la socialista y comunista, han tenido esta otra visión de España, en la que la pertenencia de Catalunya a esta España estaría corroborada por la voluntad democrática de su pueblo.  Históricamente, todas las mayores fuerzas de izquierda catalanas han defendido la autodeterminación de Catalunya (sorprenderá a muchos lectores que las izquierdas en España también habían apoyado este derecho durante la clandestinidad). En su versión más reciente, el Presidente de la Generalitat de Catalunya Pasqual Maragall fue la figura más visible de esta visión de España, y fue su intento, fallido, el de convencer al socialismo español de aceptar la posibilidad de establecer esta otra versión de España. Sus dificultades fueron enormes, pues casi nadie, en realidad nadie en el socialismo español, quería hablar de esta otra versión, lo cual no deja de ser sorprendente porque, tal como acabo de resaltar, el PSOE, durante su clandestinidad, había aceptado esta versión poliédrica, plurinacional, de España. Y lo mismo había ocurrido con el Partido Comunista español.

El hecho de que abandonaran dicha versión de España se debió primordialmente a las presiones de la Monarquía, heredera de la Dictadura, y del Ejército (el heredero del Ejército golpista del 36). La Transición, lejos de ser modélica, fue muy inmodélica, pues se hizo en términos de un desequilibrio enorme de fuerzas, ya que las fuerzas ultraconservadoras que habían controlado el Estado durante la dictadura tenían un enorme dominio de tal Estado y de la mayoría de medios de información. Las izquierdas, que habían liderado las fuerzas democráticas, sin embargo, acababan de salir de la clandestinidad. La Transición no fue, por lo tanto, resultado de un proceso equilibrado, sino de un proceso dominado por las fuerzas ultraconservadoras y supervisado por la Monarquía y por el Ejército. De ahí que la Constitución fuera resultado de ese desequilibrio.

Es lógico que en estas circunstancias las fuerzas conservadoras impusieran su versión de España, la nacionalista españolista. Repito, pues, que la España de la Constitución es la España de una sola nación (por mucho que hable de nacionalidades), patria indivisible de todos los españoles, negando el carácter plurinacional del Estado español. Asignaba al Ejército la responsabilidad de garantizar esta unidad y esta visión nacional y nacionalista del Estado español. La constante referencia a la Constitución como la pared que no se puede saltar, frenando todo proceso de cambio de aquella visión de España, y la constante cantinela de que “no está en la Constitución” o “la Constitución no lo permite”, son la excusa para la perpetuación de este nacionalismo. Y cada vez que se pronuncia, está la imagen del Ejército, que no permitiría otra España.

Es más que paradójico y sumamente incoherente que este argumento lo utilicen también voces de izquierda. Esta alianza pseudopatriótica ente los herederos de los vencedores y estas voces de izquierda (excluyendo como españoles a los miles que lucharon por otra España) es un escarnio a los que lucharon contra la Dictadura para establecer una España republicana, que la había derrotado para impedir la aparición de esta otra versión de España. En realidad, este bloque supuestamente superpatriota es un bloque que defiende intereses particulares bien visibles y reconocibles. Tienen su centro en el establishment madrileño, uno de los mayores beneficiarios de aquel nacionalismo españolista que tiene una concepción radial del Estado. Hoy, ir en tren de Barcelona a Madrid lleva poco más de dos horas. Ir de Barcelona a Bilbao, la misma distancia, lleva algo más de seis horas. Naturalmente que el establishment españolista, basado en Madrid, no ve ninguna explotación en este hecho (y me estoy refiriendo críticamente al establishment españolista basado en Madrid y no a la excelente población madrileña a la que tengo en mayor estima y aprecio).

El hartazgo con el nacionalismo españolista

 El comportamiento de la derecha post franquista, hoy en el gobierno central, con la ayuda de las voces del nacionalismo excluyente de izquierdas (que cepillaron el Estatuto para que estuviera conforme con la Constitución supervisada por el Ejército) ha ha creado un hartazgo tal en Catalunya que solo una minoría de la población está a favor de mantener la situación tal como está. Y un 82% desea tener voz para decidir cuál es la articulación institucional deseada entre Catalunya y el resto de España. Y es obvio que la intransigencia del establishment político-mediático españolista está radicalizando a la población. Hay muchísima gente que se siente tanto española como catalana, y que hoy está concluyendo que no quiere ser parte de este Estado español que no acepta ninguna otra versión de España que la que existe hoy. Y de ahí surge el enorme crecimiento del movimiento independentista. El establishment españolista basado en Madrid es una fábrica de independentistas.

Es interesante ver el miedo de dicho establishment a que haya un referéndum en Catalunya para conocer lo que la población catalana desea. La gran mayoría de gente en Catalunya desea que se realice tal referéndum. ¿Por qué el gobierno central y el PSOE tienen tanto miedo a ese referéndum? Supongo que debe ser porque asumen que ganaría la independencia. Personalmente, no creo que el resultado fuera este. Pero lo que sí sé es que si saliera independencia, sería resultado del enorme hartazgo, bien merecido, del enorme domino del nacionalismo españolista en el Estado español. No es en Catalunya, sino en el resto de España, donde hay que buscar las causas del crecimiento del independentismo. Esto es también obvio. Pero, predeciblemente, esto es demasiado  complejo para que el establishment político-mediático españolista lo entienda.

29 de setembre de 2013



Entrevista a Josep Ramoneda
El periodista catalán lanza ‘La Maleta de Portbou', publicación bimestral que, sirviéndose de la economía y las humanidades, busca fomentar una mirada crítica y cosmopolita del mundo actual.
J. LOSA Madrid 29/09/2013


El periodista y filósofo Josep Ramoneda. J. LOSA
El periodista y filósofo Josep Ramoneda (Cervera, 1949) dirige La Maleta de Portbou, una nueva revista de humanidades y economía con periodicidad bimestral que pretende contribuir al debate sobre el mundo actual y su sentido a partir de dos disciplinas aparentemente muy alejadas, la filosofía —y las humanidades, en general— y la economía. Una relación no siempre bien avenida desde la que tomar distancia para así, explica el filósofo, "mirar con otra mirada lo cotidiano".
Una revista sobre pensamiento crítico en tiempos de Twitter, ¿no le parece osado?
Sí, es evidente que es una revista que va a contracorriente, porque, para empezar, requiere de tiempos largos, de una lectura pausada, sobre todo en un momento en el que los mensajes son cada vez más cortos y se nos exige este mito de la competitividad que consiste en hacer muchas cosas en muy poco tiempo. Esta publicación trata de recuperar la idea de que la cosas tienen su tiempo; el tiempo del crear, del pensar, el tiempo de amar o de leer, parece que la gente incluso estas cosas las hace con agenda.

¿Están reñidas la tecnología y la reflexión?
Es evidente que hay una crisis económica que además ha producido una enorme crisis social, pero con esta explicación no basta, es decir, estas crisis son la consecuencia de un gran impacto tecnológico. Los grandes cambios de la humanidad siempre han venido precedidos de un cambio tecnológico que tiene consecuencias antropológicas que terminan por modificar al ser humano; es posible que dentro de varias generaciones el hombre sea capaz de pensar y de leer al ritmo de Twitter, hoy todavía no.
Cada vez es más evidente la incapacidad de los medios a la hora de hacer inteligible la realidad. ¿Es 'La Maleta de Portbou' un intento de explicar lo que acontece?
Buscamos sobre todo invitar al lector a tomar la distancia suficiente como para ver lo que el bosque no le deja ver, tomar la distancia suficiente como para darse cuenta de los cambios estructurales profundos que hay en el mundo, mirar con otra mirada incluso problemas que tienen que ver con la vida cotidiana, no sólo en el ámbito de la política y la economía, sino también sobre cosas que han ido cambiando y que apenas nos hemos preguntado por qué. La familia actual poco tiene que ver con la familia de cuando yo era pequeño, el trabajo no hace falta decirlo, la religión ha pasado del monopolio religioso de la época a una lucha a muerte por el mercado de las almas, estas cosas merecen ser pensadas y esta es un poco la idea de fondo.
¿Cómo surge el nombre?
Sale de una manera muy fortuita, creo que es un título que cuadra mucho con la intención del proyecto; un mundo en movimiento en el que la maleta es a la vez símbolo de la frustación del que se tiene que ir a trabajar a otra parte y de la ilusión del que se quiere ir a dar la vuelta al mundo. Creo que es una buena imagen que representa esa movilidad permanente de un capitalismo volátil y veloz. El acompañamiento de Portbou hace referencia a Walter Benjamin, un personaje que se suicida huyendo de la persecución nazi, que deja en Portbou una maleta cargada de misterio y que tenía entre sus proyectos crear una revista.
"Sería bueno que la economía se humanizara un poco" 
¿A que público va destinado?
Esto es muy difícil de saber, el objetivo es crear un espacio público que permita el encuentro entre el mundo más académico e intelectual y una ciudadanía curiosa y con intereses en el pensamiento y en la cultura.
En el editorial hace especial hincapié en la necesidad de unir economía y humanidades...
Esta es una de las ideas que hay de trasfondo en la revista; recuperar la economía para las humanidades. Creo que la economía, fascinada por las ciencias puras, ha querido demostrar que los comportamientos humanos también se pueden analizar en los mismos términos que las llamadas ciencias naturales, lo que ha convertido al ser humano en un dato susceptible de ser puesto en un sistema de cálculo. No todo se explica de modo que sea reductible a términos de interés económico privado contante y sonante, creo que sería bueno que la economía volviera un poco al mundo de las humanidades, que se humanizara un poco.
¿Cuál debe ser en un marco como el actual el papel de la izquierda?, ¿por qué cree que los valores tradicionales de la izquierda se están perdiendo?
Hay una enorme confusión en la izquierda en este momento, la izquierda oficial ha regalado su bandera, que era el Estado de bienestar, con una facilidad asombrosa y se ha dejado arrastrar de una manera en parte sorprendente a los postulados del gran cambio, de la gran revolución conservadora que empezó en los años 80 y que nos ha llevado a este desastre. El problema es que ahora es muy difícil de reconstruir, en este momento en el horizonte europeo la izquierda está totalmente desdibujada, se ha de reconstruir probablemente sobre otras bases y repensar muchas cosas.
"En el horizonte europeo la izquierda está totalmente desdibujada" 
¿Por qué pese al aumento de las desigualdades y de la pobreza no bullen las calles?
Este es uno de los grandes misterios, creo que hay muchos factores. Uno, que venimos de un periodo largo de cultura de la indiferencia. Durante los años de la euforia, se fue instalando un proceso de desocialización muy radical, que supuso una ruptura considerable de las redes de proximidad, de ahí la indiferencia y la apolítica. Segundo, las políticas de comunicación de los gobiernos fueron muy alarmantes casi desde un primer momento, quizá con la excepción de Zapatero, de forma casi unánime salieron a decir que la situación era dramática y esto puso a la gente en una situación de miedo y el miedo nunca es movilizador. Y tercero, la falta de un proyecto de izquierda, no hay un horizonte de enganche. Así y todo, me cuesta entender que no haya pasado algo más.
¿Cree que la vía sobernista puede ser una alternativa para salir de la crisis?
En Catalunya he criticado algunas veces que se planteee la independencia como una panacea económica porque, en cierto modo, es una manera de engañar a la gente. Me parece que, como en todo combate político, cada cual intenta pintar su película lo más bella posible, pero creo que hay que ir con cuidado porque sea cual sea el resultado, este es un proceso complicadísimo y en el que, si no acabar por claudicar todos, habrá que tener mucha capacidad de cintura de negociación, entre otras cosas porque no sabemos cuál es el destino, ya que no tenemos una evaluación real de las relaciones de fuerzas y hasta que no tengamos eso, es muy difícil saber el resultado. Por tanto, es un proceso complicado, el factor económico puede haber sido un catalizador pero para mí no es la base principial del éxito del proyecto independentista, creo que hay muchas otras muchas razones que lo explican
¿Qué opina de la postura tan tajante del Gobierno?
El problema del Gobierno es la incapacidad de haber sabido o prevenido antes el problema. Mi opinión es que si un gobierno de este país hubiese jugado sus cartas mejor y aceptado un referéndum en un primer momento probablemente ya lo habría ganado.

10 de juny de 2013

QÜESTIONANT LA SAVIESA CONVENCIONAL SOBRE LES PENSIONS


Vicenç Navarro. Catedràtic de Polítiques Públiques. Universitat Pompeu Fabra, i Professor de Public Policy. The Johns Hopkins University


En la discussió actual sobre la suposada inviabilitat del sistema de pensions públiques s’estan fent tot un seguit d’asseveracions, algunes d’elles reproduïdes per l’anomenada Comissió d’Experts sobre les Pensions, que requereixen d’una reconsideració tenint en compte l’evidència existent. En aquesta discussió s’assumeixen erròniament diverses suposicions, presentant-les com a fets i realitats, quan en realitat l’evidència científica existent les qüestiona. Entre elles estan les següents declaracions:

*El fet que l’esperança de vida dels espanyols hagi crescut sis anys en els darrers trenta anys vol dir que les persones grans viuen sis anys més. Això no és així. S’ha de saber com es calcula l’esperança de vida. Si Espanya, per exemple, tingués només dos ciutadans, un la senyora García, que viu fins que té 80 anys, i l’altre, el petit Juanito, que mor poc després de néixer, llavors el promig de l’esperança de vida d’Espanya seria (80+0)/2=40. Suposi el lector que trenta anys més tard Espanya continua tenint només dos ciutadans. Un la senyora Pérez que, com la senyora García, mor als 80 anys, i l’altre ciutadà, Manuel, que viu fins als 20 anys. L’esperança de vida d’aquesta Espanya recent seria de (80+20)/2=50 anys, és a dir, deu anys més que l’Espanya d’ahir. Però això no vol dir, com constantment es mal interpreta, que la senyora Pérez visqui deu anys més. En realitat, continua morint als 80 anys. El que succeeix és que el nadó que moria abans, ara ja no mor i viu 20 anys més.

I això és el que ha succeït a Espanya, la mortalitat infantil ha estat baixant molt (cosa que ha estat succeint també a la majoria de països de la Unió Europea) i amb ella l’esperança de vida (que és el promig d’anys de vida que el ciutadà mitjà viurà) ha pujat. Però l’augment de l’esperança de vida no repercuteix automàticament en el mateix augment d’anys de vida de la gent gran.

+Com a conseqüència que les persones viuen més anys, existeix la necessitat que també treballin més anys. Si viuen sis anys més, haurien de treballar sis anys més. Aquest supòsit ignora l’enorme variabilitat a les taxes de mortalitat que existeix a Espanya entre les persones pertanyents a diferents classes socials. Un catedràtic d’universitat, per exemple, és probable que visqui set anys més que la dona de la neteja de la Universitat a què ell treballa. És una mesura profundament injusta exigir a la segona persona – la dona de la neteja – que treballi dos anys més (i alguns estan parlant fins i tot de cinc anys més) per pagar-li la pensió al primer – al catedràtic. L’endarreriment indiscriminat de l’edat de jubilació és profundament injust. I és, tot i així, el criteri que s’està utilitzant i promovent. Avui, a Espanya, la persona del decil superior de renda viu deu anys més que la persona del decil inferior. Fer un proposta “igual per a tothom” sense tenir en compte l’enorme desigualtat de condicions de vida i mort hauria de ser rebutjat per immoral i antidemocràtic.

*A més anys de vida addicionals de la població, major és la seva capacitat i obligació de treballar. Aquesta observació, derivada de l’anterior, continua ignorant que no només l’esperança de vida varia molt segons la classe social, sinó també la seva qualitat de vida. La qualitat de vida dels anys afegits a la longevitat d’una persona jubilada varia també d’una manera molt evident i clara segons el tipus de treball i feina (i, per tant, de classe social de l’individu) que ha tingut durant la seva vida laboral. A menor nivell de renda de les persona, i a menor autonomia, creativitat i condicions satisfactòries del treball i feina que la persona hagi desenvolupat, major és la discapacitat i limitacions “pròpies de l’edat”, amb menor desig de continuar la seva feina. 
D’aquesta realitat es deriva el principi aplicat a molts països – però no a Espanya – que la jubilació és un dret més que no pas una obligació. Per a la dona de la neteja és una benedicció poder deixar de treballar. Però no així per a un catedràtic, o per a un metge, o per a un professional que gaudeix a la seva feina. L’aplicació del principi de considerar la jubilació com un dret (com succeeix ja a molts països als dos costats de l’Atlàntic) implica el dret que no hi hagi obligació de jubilar-se. Com a professor de Hopkins jo no tinc el deure de jubilar-me. Sempre que el treball estigui al nivell que s’exigeix d’un professor d’universitat, la institució no pot jubilar-me, com a resultat de la llei que prohibeix la discriminació a la gent gran (una llei, per cert, que seria molt necessària a Espanya, a on la discriminació en contra de la gent gran és molt accentuada).
 
*El major problema que determina la necessitat de reformar el sistema de pensions és el demogràfic. A més gent gran que viu més anys i menys gent jove, major serà el problema del finançament. Això no és així, ja que s’ignoren moltes realitats. Als sistemes de finançament a base de contribucions sobre el treball (les cotitzacions socials), l’escenari no consisteix en joves versus gent gran, sinó en treballadors versus pensionistes. I fins i tot més important és la quantitat de l’aportació, que depèn del salari i de la productivitat. 
De la mateixa manera que ara el 2% de la població que treballa a l’agricultura produeix més aliments dels que produïa el 18% que treballava al camp fa quaranta anys, un treballador dintre de quaranta anys produirà i contribuirà molts cops el que produeix i contribueix un treballador ara. En realitat, el major problema que té el sistema de finançament actual de les pensions no és el demogràfic, sinó el laboral, és a dir, l’escàs percentatge de llocs de treball, conseqüència, en part (no de la sempre suposada rigidesa del mercat laboral) de l’escassíssima producció de llocs de treball (i fins i tot més escassa producció de bons llocs de treball) resultat d’un escàs desenvolupament de la infraestructura social i humana del país. 
Si Espanya tingués el mateix percentatge de la població adulta treballant als serveis de l’Estat del Benestar que té Suècia, Espanya tindria cinc milions més de llocs de treball. És aquesta escassetat de llocs de treball el problema de les pensions contributives, tema que ni està ni s’espera a la citada Comissió. És lamentable que la solució que predictiblement apareix com a més factible sigui la reducció de les prestacions en lloc d’augmentar els recursos per mantenir-les i fins i tot expandir-les.